martes, 11 de enero de 2011

Temoac y una breve historia

Javier Jaramillo Frikas Columna
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El asesinato del presidente municipal de Temoac, Abraham Ortiz Rosales, estremeció el ambiente político de la entidad anteayer. No obstante lo cotidiano que se ha vuelto que maten candidatos a gobernadores como en Tamaulipas o alcaldes --son más de 10 desde el año anterior y el de Temoac fue el segundo en este--, en Morelos no es frecuente. Quizá el que escribe se equivoque y habrá de revisar, pero en los últimos 30 Años no conocemos de un caso similar. Las razones del homicidio llevarían a irse con la corriente nacional en base a informaciones oficiales y extras que es la vinculación con el crimen organizado, sin embargo un boletín del mismo lunes de la Procuraduría Estatal en voz de su titular Pedro Luis Benítez Velez, llevaba a la primera posibilidad que haya sido una acción de venganza, y todo lleva a que el autor es el tesorero del mismo ayuntamiento, vecino de una de las comunidades que a través de usos y costumbres eligen a sus autoridades. Este señor cuenta con antecedentes judiciales del fuero federal del 2001 al 2004. No exhibió antecedentes no penales por decisión de las comunidades.


Hubo un hecho sangriento a mediados de los 80 que acribillaron al ex presidente municipal Roberto Caporal, quedando muerto su padre y una hermana con él herido. Posteriormente se refugió en alguna colonia popular del DF donde lo asesinaron al más puro estilo de las bandas organizadas de la época.


Y nos quedamos con esta porque los acontecimientos relacionados con asuntos de crimen organizado ha sido más recurrente en zonas urbanas de mayor concentración como Cuernavaca, Cuautla y Jojutla, incluso ahí se da mayormente la presencia de las fuerzas federales y militares. Un punto que refuerza este comentario es que los mandos policiacos que han sido relacionados con la protección a la alta delincuencia, son estatales o del pasado trienio en Cuernavaca. Ahí sobran los nombres: Francisco Sánchez González, Luis Angel Cabeza de Vaca, Salvador Pintado, Agustín Montiel, Raúl Cortés y el finado Alberto Pliego Fuentes.


Sin embargo, Temoac es un municipio creado a partir de acciones de fuerza, forma parte de lo que aquí se le ha llamado “La Tierra Caliente” de Morelos y no tanto por su clima sino porque históricamente a partir de Cuautla hacía el oriente, ha sido sitio de hombres y mujeres buenos y malos con las armas, que saben usarlas. Su gente es hospitalaria y bondadosa pero también va al extremo opuesto. Recordemos que es en Temoac donde en 1975 sucede el primer linchamiento de policías judiciales (dos y dos madrinas) que desde Cuernavaca acudían a extorsionar al brujo del pueblo. Los mataron de una forma salvaje y especial, un Fuenteovejuna clásico. Luego, en 1977 es constituido como el municipio “número 33” en los días del nefasto Armando León Bejarano --el mismo con el que llegó oficialmente el narcotráfico y otras pestes que todos conocen--. De ese municipio es oriundo el famoso Apolo Bernabé García Ríos, policía al que revistas internacionales llegaron a nombrarlo “El 100”, acreditándole ese número de muescas a sus pistolas. Lo cierto es que cuando Apolo era comandante de la policía no había secuestradores por la región y en otras. Presumía que no podían estar “porque los mato”. Lo cierto es que, en efecto, lo hacía.


Alguna ocasión, allá a finales de los años 80, El Apolo se levantó de la mesa del café y se despidió de los que lo acompañaban –entre ellos periodistas que bien lo recuerdan—y dijo: “Luego nos vemos, voy a echarme a unos plagiarios...”. Al rato nos enterábamos de un tiroteo en Oaxtepec, donde morían tres secuestradores –alguno de ellos se apellidaba Baranda—y el policía resultaba herido. Era el punto de encuentro entre los delincuentes y el rescate de un comerciante de la fayuca en Cuernavaca que mantenían en su poder. Apolo en una reunión en el penal de Atlacholloaya nos pidió aclarar el equívoco de la revista “Contenido” que le puso “El 100” y se reía cuando señalaba: “no es cierto, ese número no”. Le preguntábamos si más o menos y repetía, “se equivocaron con los números”. García Ríos lleva más de 20 años en cárceles estatales y la de Almoloya (dos ocasiones) en un juicio que pareciera fuera de contexto. La acusación de la desaparición del luchador social José Ramón García Gómez nunca se la han probado y está por otros dos procesos que según especialistas ya debiera estar en libertad. Pero ese es otro tema. Antes, en la segunda mitad de los 70, específicamente en el sexenio de Bejarano Valadez, Morelos materialmente “se abrió” como área estratégica y la cosa de la droga estaba controlada por autoridades policiacas federales con el respaldo de la policía judicial estatal. El jefe de la plaza era Rafael Aguilar Guajardo, delegado de la Dirección Federal de Seguridad que tenía como auxiliares al jefe de la PJ, Luis Villaseñor Quiroga y a un comandante en Cuautla apodado “El Pegaso”, yerno a propósito de un gran cantante mexicano que triunfó primero con un trío, que ninguna culpa tuvo de los gustos de la familia, por ello no ponemos su nombre. Como todos lo saben, Rafael Aguilar Guajardo fue el primer jefe del Cartel de Juárez poco después y murió por órdenes de su segundo, Amado Carrillo Fuentes, en 1993, en Cancún, Quintana Roo. Sus asesinos fueron detenidos en un retén carretero y se identificaron con credenciales de la judicial de Morelos. Los dejaron ir. Ese año hubo dos eventos más donde entre las evidencias quedaron credenciales de la judicial morelense: uno en Puerto Vallarta, Jalisco en la discoteque “Christine” y otro en el restaurante Ochoa Bali Hai de la avenida Insurgentes en el DF, que trataron de matar al “Señor de los Cielos” y lo protegió Alcides Ramón Magaña, “El Metro”, que también llevaba identificación como policía de Morelos.


Obviamente que eran otras las condiciones del narcotráfico, conducido a la par entre barones de la Droga y altas autoridades federales. Por ello en este espacio narramos hechos consumados y no manejamos hipótesis. Porque además de la suprema y bendita ignorancia, es tarea de autoridades y lo repetimos: son otras las condiciones tanto en su manejo como en el combate. Qué cómo le hacían. Quién sabe, la cosa que no había tanta muerte ni el gran miedo social.


Bueno, completamos con Temoac a raíz del trágico homicidio del presidente municipal, su pequeño hijo y un colaborador. En ese recién creado municipio bajaban en carreteras de tierra, avionetas con droga sudamericana que abastecían con turbosina los elementos de Aguilar Guajardo y judiciales estatales y de ahí partían a su destino más al norte. A la llegada de Lauro Ortega algo sucedió que dejaron de llegar del sur las aeronaves, pero regresaban “a la vuelta” cargadas de electrodomésticos. Casualidad o no los primeros comerciantes de fayuca en Cuautla y Cuernavaca procedían de la región, por cierto gente de trabajo, de bien, que todavía deben seguir por ahí.


Claro, es necesario que las autoridades detallen los cómos y por qué del asesinato del alcalde y si es así, se deslinde la línea de la delincuencia organizada. Fue un ataque de un funcionario municipal con el que el edil incluso tenía públicas diferencias ventiladas en los medios de comunicación. Es tan importante este manejo de la verdad justo cuando la sociedad local vive sus peores tiempos en el tema de la seguridad. Por ello, urge que si es un delito del fuero común, se de con los culpables.
 
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