martes, 1 de junio de 2010

Héroes


Calderón frente a los restos de nuestros héroes


Por Lucero Mendoza

Porque bajo el anonimato, se hacen los capítulos trascendentales de la historia…

Y después de exhumar unos cuerpos o los que en un momento lo fueron, quieren saber la historia, quieren conocer el pasado, darle patria a la que de por sí siempre ha sido nuestra patria, nuestra tierra. Esa que en la semilla regocija la vida, que nos da el indicio de nuestra libertad.

Nuestros héroes no son (sólo) un montón de huesos que huelen al pasado que nos provoca tanta incertidumbre. Nuestros héroes llevan siglos de lucha, llevan a cuestas el dolor y la alegría de la resistencia. Los otros son los rostros que se mezclaron con el poder y con la gloria de tener el crédito que corresponde a los anónimos. Sí, ellos derramaron y siguen derramando sangre. Viven en la sierra, viven en el campo, en todos los pueblos. Construyen en cada silencio, edifican en cada golpe bajo que les propinan a traición. Y además saben gozar, saben agradecer el silencio que también es una estrategia.

Entre la necesidad y la lucha consiguen estar en la cima, porque tienen guardado en el fondo de sí, el entendimiento de que para ser mejores hay que estar en unión, en verdadera comunicación. Entienden que hay que escuchar, que hay que intercambiar y ofrecer. La exigencia es sólo una manera de proyectar la marginación.

Hoy de pie a pesar de la historia (la verdadera), hombres, mujeres, niños, jóvenes, abuelos, caminan para llegar a la cúspide de lo que por derecho corresponde: la autonomía. La dignidad y el reconocimiento más allá de la concepción política y social. Ellos son los héroes, son los que levantan la voz, los que no se conforman con la respuesta negativa, los que buscan la pluralidad y el respeto, los que marcan el camino de la lucha y la igualdad.
Y todos somos el espejo donde se refleja la necesidad de salir, de dejar la comodidad y buscar la alternancia.

Así crecen los héroes y también se hacen más fuertes, más concientes de su posición, pero sobre todo, crecen porque forjan fraternidad, tolerancia, paciencia y conservan su verdadera convicción de hacer valer a la patria, a la tierra, nuestra tierra. 


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