miércoles, 8 de julio de 2009

Gobernador en fuga

Miércoles 8 julio 09

Javier Jaramillo Frikas

Columna volátil

Prohibido Prohibir

 

         En una práctica bizarra de la política, en el Partido Acción Nacional enseñan mayores deficiencias ante la aplastante derrota que visión a largo plazo –lo que repiten en sus discursos--. El gobernador Marco Adame deja, una vez más, la plaza caída y se va junto con otros mandatarios derrotados (a los que coordinaba en el poder pleno y hoy en la adversidad) para “arropar a Germán Martínez Cázares”, su auto depuesto dirigente nacional. ¿Y quién arropa a Adame? No contamos a panistas que, seguro, o le echan la culpa de su pérdida o tienen vergüenza de verle a la cara. Lamentablemente el todavía gobernador de Morelos sigue en su práctica común de ser “farol de la calle, oscuridad en su Estado”. ¿Cómo va a hacer Marco Adame para gobernar con todos los que no llevan sus colores si enseña que es más importante las reuniones sociales—políticas—sollozantes con sus pares en desgracia que ordenar un proyecto que haga viable la gobernabilidad en su tierra? Es, así, un político en fuga, al que le asusta la realidad de su responsabilidad como mandatario de una tierra estrecha en territorio pero compleja en lo social y lo político.


         Así, precisamente así, inició el camino de Jorge Carrillo Olea a ser el primer gobernador obligado a renunciar por un Congreso que no le era adverso numéricamente, pero que los de su propio sello deseaban se fuera, cansados de sus expresiones fuera de tono, su soberbia y una neurosis que a él mismo reventaba. A diferencia de Adame, Carrillo tenía en contra al presidente Ernesto Zedillo. Sin embargo, en este momento, el presidente Felipe Calderón ve más por él que por gobernantes que han fallado en los resultados. Tal parece que las visitas de Calderón han dañado a Adame, he ahí los resultados. Y ya lo anuncian de nuevo aquí. Es un mito lo de una estrecha cercanía con el presidente. De hecho son de ideologías extremas. Un dato: con lo de la geografía del genoma humano, el presidente Calderón asestó un duro golpe al Yunque, del que Adame es uno de sus principales dirigentes nacionales. Otro, que se lo tragó cerquita, es el secretario de Salud, José Angel Córdoba, tan grisáceo en su desempeño como su semblante los días de la presunta influenza y cuando lo del genoma.


         Más que lamer heridas como diría el frustrado filósofo Germán Castañón, la tarea es tender los puentes de la gobernabilidad. Lo hace Jorge Morales Barud, el secretario general, burócrata de altos vuelos, sin ideología partidista, un bucanero de la política a simple vista, útil en sus servicios como mediador y, sobre todo, en hacer exactamente lo que le ordenan sus jefes con la cerviz inclinada. El hacía esa función a Jorge Carrillo Olea y este se fue. Quedó dos años el mismo Morales. Hoy se la hace a Adame y, no duden, podría suplirlo el propio Jorge ante la ausencia de políticos capaces en el PAN, sobre todo su máximo exponente, el Cuadradito de Basoco, el senador Adrián Rivera que demostró que su figura física  es corta pero más sus alcances en los terrenos de la política. Además son compadres, queridos y mucho, con Morales Barud desde hace 15 años. Adrián fue, en 1998 uno de los actores importantes en la sucesión exprés de Carrillo Olea, Podría volver a serlo. Está tan ausente la política, sus hombres y los valores que, en este justo instante si Adame debe irse ya a cubrir la ausencia de Martínez --en un ascenso que sería vergonzoso para Morelos y para él mismo porque Morelos fue el Estado gobernado por el PAN que fue mayormente humillado el pasado domingo, lo que haría incongruente colocar en lugar del gordito belicoso Martínez Cázares a alguien que fue noqueado fulminantemente—o ya en los meses próximos que se cumpla el periodo constitucional de tres años para que el Congreso determine. No está lejos el gobernador Adame, de seguir como va, de ser objeto de un juicio político. Eso es serio, para nada se trata de una suposición. Y ahí está Jorge Morales Barud, tranquilo, taimado, ladinón, soñando con sumar tres años más los dos pasados llegarían a cinco, casi un periodo constitucional.  

         

¿Quién arropa al gobernador Marco Adame? Ha quedado claro el domingo que la sociedad local, no. ¿Quién? Sus cercanos como Javier López que presuntamente ayer reapareció tratando de cortar todas las versiones y si el ex súper secretario vuelve a sus tareas como si nada, crece la especie que sus trapacerías se han dado bajo órdenes superiores. ¿Y arriba de él, quién está? Hay que decirlo: no hay nadie más que el gobernador Adame. Así qué.

         

Nada han dicho ni hecho de los 22 millones de pesos (que fueron finalmente 25 millones guardados por la empresa Tecnoval, ordenado por el tesorero del gobierno, Juan García Avilés); tampoco del exceso en la campaña del cuarto distrito local que perdió Adriana Vieyra Olivares, esposa de Javier López Sánchez. No hay necesidad, Lo sabe López Sánchez: si no negocian con él, se encargara de arrastrar a los demás hasta convertir esto en un escándalo mayor. Se llevaría primero a los secretarios de Obras Públicas, Francisco Rodríguez Montero (su empleado directo) y a otro que le sirve claro, el de la Ceama, Jorge Hinojosa Martínez, En esta dependencia por cierto, el diezmo era doble, llegaba al veintón y no todo se lo llevaba Chavelo. Hay nuevas construcciones y riqueza de funcionarios del agua. A la vista. Los próximos diputados ya lo contemplan, de ahí viene nuestra información. Y, al final, el lodo atraparía al gobernador. Estamos hablando de una serie de actos más que supuestos de corrupción. Los que llenaron La Gran Bodega que  en el transcurso del tiempo fue vaciada por Chavelo y a saber quiénes más, para que “El Día D”, les fallara.

         

Son muchas las explicaciones que merecen los morelenses por parte del mismo gobernador, una de ellas es el por qué permitió que su principal colaborador, abierto, sin ataduras, hiciera negocios, se enriqueciera y pasara a golpearlos, con su torpeza a ellos, a los propios panistas, electoral y políticamente. Y es tan pobre la baraja panista nacional que ya ubican a Marco Adame como sucesor de Martínez Cázares o en una secretaría. Quizá a Morelos le haga bien un cambio, pero de acuerdo a las condiciones en septiembre y noviembre –cuando se instale el Congreso y los Ayuntamientos—no será como quieran en el gobierno federal o alguna pequeña opinión del local.

         

Claro, partimos de las últimas informaciones locales y nacionales, que ubican en buen sitio al gobernador de Morelos, incluso lo candidatean para una mejor posición. Pero antes tiene que cumplir a los morelenses que votaron por él. Correr, darse a la fuga política, es un acto que entra en los terrenos de la irresponsabilidad y la cobardía. Alguna ocasión, en su estilo, Adame le reviró al que escribe esta columna que, desde un principio aseguramos que iría al gabinete al cumplirse el plazo constitucional de tres años. Fue en una visita que hizo al Sol de Cuernavaca. Lo menos que dijo que “le cumpliré a los morelenses el periodo completo; no hagan caso a catastrofistas; a rumorólogos, fui electo para seis años y así será”. Al día siguiente ya estaba en la ciudad de México, alumbrando los actos blanquiazules y acercándose a la mesa presidencial, en tanto Morelos se hundía en la penumbra… y su partido más. Estilo fiel: “farol de la calle, oscuridad de….”


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