lunes, 6 de julio de 2009

PROHIBIDO PROHIBIR

Próximamente Javier Jaramillo Frikas iniciará un proyecto web y una publicación gratuita en la que podrá expresarse libremente. Sin embargo, el día de hoy ha enviado una columna a Chinelo Guardián y eso hace que este pequeño espacio se sienta muy halagado.


La hora

6 de julio 09

Javier Jaramillo Frikas

Columna libre

Prohibido Prohibir

 

 

                                                    Los pocos caminos de Adame

 

        En las adversidades es cuando se conocen los tamaños de la gente. Son momentos difíciles, duros, en lo político y personal para el gobernador del Estado, Marco Antonio Adame Castillo. Su partido fue prácticamente reducido. Los siguientes tres años –a partir de este momento—las condiciones de gobernar son otras y Adame debe marcar prioridades, una de ellas fundamental: dedicarse a gobernar a los morelenses, a todos, o permanecer en brazos de incompetentes a los que dotó de supra poderes y le fallaron. Uno de ellos es Javier López Sánchez, el súper secretario, el mismo que arbitrariamente utilizó recursos de procedencia no propia –no de su bolsa producto de su trabajo, sí de su bolsa producto de las comisiones—para multiplicar la promoción de su esposa, Adriana Veyra Olivares, a quien los priistas consideraban el distrito más difícil por las toneladas de propaganda y los apoyos a la gente. Es ahí, en el cuarto, donde Omar Guerra, el colega, con mil pesos de presupuesto –a lo mejor le dieron un poquito más--superó los millones que invirtieron en una política a la que dañaron en su propia casa. Fue el distrito de mayor diferencia de los cuatro en Cuernavaca. La gente castigó el exceso.                         

                                                                            

Es el momento que Marco Antonio Adame opte entre gobernar para los morelenses, para todos, o se meza en la hamaca donde lo atraparon La Sagrada Familia, Javier López, José Raúl Hernández, Adrián Rivera Pérez y compañía. Los hechos indican lo que aquí habíamos advertido semanas y hasta meses atrás: Adame va a gobernar con un Congreso Local cuya mayoría no es suya, con su partido peleando la primera minoría, lo va a hacer con la mayor parte de los ayuntamientos en poder del PRI y del PRD. No hemos contado, pero el PAN tendrá una minoría que asusta y ningún municipio relevante partiendo de Cuernavaca, Jiutepec, Temixco, Cuautla, Jojutla, Yautepec, Ciudad Ayala, Zacatepec, Xochitepec, Tepoztlán. Un gran amigo, militante del Partido Acción Nacional lo describió crudamente: “Es el Apocalipisis del PAN en Morelos”.


     ¿Será el gobernador solitario de Palacio? No, sí el no lo desea. No, si enseña que en los hechos puede plasmar sus convincentes discursos, aunque sea la mitad. No, si entiende que tendrá que convivir con políticos que piensan diferente a él. No, si ubica como su prioridad al Estado de Morelos sobre la presión de La Sagrada Familia, la molesta presencia de Javier López Sánchez. No si hace lo que juró ante la soberanía cuando rindió protesta. No si olvida un tanto las ausencias para alumbrar los medios nacionales y le da energía a la problemática local. Dejar atrás el farol. No si entiende que la política va más allá de lo que le dicen sus colaboradores a través de Javier López Sánchez, un funcionario insostenible ante la masacre política de la que fueron objeto.


     El PAN tiene al gobierno del Estado, pero no el aval de la sociedad morelense, que no le permitió ser mayoría en ningún lado. El gobernador tiene a un PAN frágil, que cometió errores imperdonables en la política. De pronto, en la víspera a Marco Adame le endosaron panistas que se han dedicado a pegarle, como Adrián Rivera Pérez, que lo retratan como Gran Operador Político y es apabullado. Esa rendija debe aprovecharla Adame ante los que, en las entrañas de su partido, quieran recriminarle algo. O asumir el papel legal que corresponde a un gobernador: ser ajeno a los procesos electorales aunque su corazón y la presión indique otra cosa.


     Ha llegado la oportunidad a Marco Adame de gobernar en serio. De actuar como un demócrata, de mandar al demonio todo lo que se dice –cierto o no—de su ultra derechismo. La contundente derrota le permite hacer deslindes: de la Sagrada Familia, de Adrián Rivera que no sería candidato y si lo ponen, pierde de calle; de Javier López Sánchez que ha dejado de ser un modesto obrero de la política para convertirse en potentado económicamente (solo que los diezmos no fueran compartidos y se sabrá con quiénes). López ha realizado un pésimo trabajo en la comunicación social, se ha dedicado a cooptar patrones, a contar a su alcance con jefes de redacciones o información, a crear un grupo que, lo hemos corroborado el domingo, de nada ha servido. Es un fracaso rotundo. Y escandaloso el alcance de lo que fuera rumor de un enriquecimiento que empieza a ser explicable de Javier López. Gravísimo error de concentrar tantas decisiones fundamentales en una sola persona y que esta, para desgracia de su jefe, sea en extremo limitado. Si Marco Adame lo deja, si permite que continúen desafiándolo los de la Sagrada Familia  --que mostraron incapacidad extrema--, no nos queda más que esperar que la gente perdone, otros tres años, sus errores. La cosa es conocer el aguante de la sociedad que, visto desde la perspectiva inmediata, ha enseñado capacidad para determinar quiénes de los políticos sí les sirven y quiénes no.


     La elección del domingo derrumba mitos, muestra lo volátil que es la política cuando no existe una preparación. Es el caso de Adrián Rivera, perseverante, pero corto de alcances, que ha llegado a posiciones de poder relevantes sin dejar huella alguna. Lo envían, aparentemente de última hora, para tomar el control del asunto, y lo termina por descomponer. Es pequeño políticamente, su equipo igual, y dirían en la mesa de juego: uno menos.


     El escenario más duro para Marco Adame es que la mayoría en el Congreso y los Ayuntamientos le marquen a presión. El mejor: que le permitan hacer política bajo estas circunstancias y a Morelos le vaya bien. Uno intermedio es que a la primera oportunidad busquen la rendija por donde traten de juzgarlo políticamente. Este último sería, para gusto del que escribe, un retroceso para lo que Morelos necesita: paz, seguridad, empleo y respeto.


     El, Marco Adame, no tiene muchas opciones para escoger. Las condiciones le han cambiado. Hoy tiene que compartir decisiones con sus pares, que los tendrá en el Congreso y en los ayuntamientos. Y una prioridad: su equipo necesita rehabilitación, se han sufrido desgastes y tendrá que prescindir de lo que le ha costado caro, por ejemplo “El Señor de la Tele”, el Buen Chavelo.


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