martes, 10 de noviembre de 2009

Paco Moreno, El Gran Mitómano…



Ámonos con la pose

Embajador
10 noviembre 09
Javier Jaramillo Frikas
Columna
Prohibido Prohibir          

         Francisco Moreno Merino se ha auto nombrado hace meses –justo cuando buscaba la nominación a la presidencia de Cuernavaca por el PRI—representante en Morelos del más avanzado de los priistas que buscan ser candidatos a la presidencia de México en el 2012, el gobernador Enrique Peña Nieto. Ya diputado federal por el primer distrito de la entidad, Moreno Merino ha dedicado horas extra para eliminar a cuanto compañero de su partido aspira a la gubernatura que se decidirá en dos años y fracción. Para lograrlo, no escatima en involucrar como quienes lo envían a aniquilar adversarios  al propio gobernador mexiquense y a gente cercanísima a este, como es el diputado Luis Videgaray.
         Acostumbrado a golpear debajo del cinturón, violando toda regla política y ética, el presunto dirigente obrero (que nunca ha liderado ni a los empleados de sus residencias) acude, una y otra vez, a la oficina del diputado federal Videgaray, sabedor que es la antesala de la información con el prospecto Peña Nieto. Insiste, insiste, insiste y hace pública su cercanía con don Enrique, al que le habla de tú, son viejos amigos y ha nombrado, según Moreno, enlace para sus relevantes informaciones a Videgaray. Este, de acuerdo a comentarios de colegas de la Ciudad de México y el Estado de México, es un político serio, sensible y vertebrado, en efecto muy cerca de Peña Nieto, enemigo de los chismes, pero tanta presión del chaparrito de la voz gruesa y engolada bien podría permearlo.
         La realidad es que Francisco Moreno Merino es un mito, ha sido un mercenario de la política desde que llegó a Morelos enviado por su pariente político Leonardo “La Güera” Rodríguez Alcaine. Que en su función como delegado del Instituto Mexicano del Seguro Social supo relacionarse con obreros y empresarios, además de meterse entre la estructura directiva del Partido Revolucionario Institucional. Un hecho que lo viste tal cual, que el columnista vivió, sucedió a principios de mayo de 1998 cuando el gobernador Jorge Carrillo Olea padecía los momentos decisivos de su manchada administración, al grado que le obligaron a solicitar su renuncia.
         Desde la Ciudad de México y “con derecho de silla”, el presidente Ernesto Zedillo, el PRI y la secretaría de Gobernación –entonces con Francisco Labastida Ochoa—se decidieron por el priista con mayores blasones, Juan Salgado Brito, en ese momento delegado de la Sedesol. Juan convocó a algunas personas que deseaba lo acompañaran en el gobierno sustituto de dos años. Un servidor llegó cuando Salgado se encontraba solo. Posteriormente lo hicieron el presidente del PRI, Jorge Morales Barud y el coordinador de la bancada en el Congreso, Víctor Manuel Saucedo Perdomo. Paquito Moreno apareció minutos antes que aquellos dos, justo cuando Juan se aprestaba a preparar su discurso. Quería participar en el documento, presumía su talento, su alta capacidad intelectual. Era evidente que al cuasi gobernador le inquietaba la presencia del pequeño Moreno y le pidió lo aguardara un momento.
         A partir de ahí, vino la tormenta que cambó la historia del Estado en esos momentos, arreciaron las malas noticias: “El PRD no acepta”, “la bancada perredista está obstinada que cualquier priista, menos Juan Salgado Brito”, “que no lo podían permitir porque Salgado estuvo al frente de la Comisión Conasupo”. Hacía agua el anhelo de Juan Salgado, preparado 30 años atrás, desde chamaco, para ser gobernador del Estado. Comenzaron las búsquedas de acuerdos con la oposición. Lo vivimos en primera fila. Conforme pasaba el tiempo se hacía menos probable que Juan llegara. El desencanto evitó se advirtiera el comportamiento de los que llegaban. Ya estaba ahí Luis Arturo Cornejo Alatorre, compañero en todas las batallas de Juan. Ya el único diputado federal que tenía el PRI entonces, Juan Jaramillo Frikas. Y no se movían Victor Saucedo ni Jorge Morales Barud.
         “¿Y Paco Moreno?”, preguntábamos a uno de los asistentes de Juan Salgado. “Tiene como dos horas y media que se fue”, era la respuesta, su estilo fiel, si la oportunidad no llegaba a Juan Salgado, a él qué le importaba. Fue de los primeros en llegar y el primero que corrió. ¿Cómo quedarse en un barco predestinado a hundirse? Tuvo la virtud de entender que a Juan Salgado Brito se le había ido la oportunidad y, práctico, se fue a descansar. Ninguno de los presentes se interesó si estaba o no. Finalmente era recién llegado a Morelos, un verdadero personaje de opereta, fabricaba su propia historia partiendo de su enfermedad mitómana y aunque chillaba que nació en Tepoztlán, que sus abuelos eran morelenses, que era sumamente conocido por los hermanos tepoztecos, se trataba de un auténtico desconocido. Ni quién se inquietara de su ausencia. Ese día, Moreno Merino le enseñó al que escribe su rostro: el de aventurero, ventajoso, un niño bien, un sujeto que buscaba la reencarnación de Hernán Cortés para apropiarse del Marquesado de Oaxaca y de Cuauhnáhuac que formaba parte de ese territorio.
         Nunca ha hecho trabajo en su partido, labor entre las bases, es sinónimo del engaño, se cuelga de los que tienen posibilidades. La política para él, es recibir las oportunidades en base a su gran fortuna –la presume a cada momento—e hilar historias que lo intiman con personajes importantes como el propio Enrique Peña Nieto. Una de estas, escuchada con atención, es que cierta tarde-noche en un lujoso hotel de Polanco, citó al gobernador del Estado de México. Platicaban animados en una discreta mesa cuando apareció por ahí el senador Graco Ramírez Garrido Abreu, del comité nacional del Partido de la Revolución Democrática, que intentaba vanamente que Peña Nieto lo saludara. Fue entonces que el Súper Paco le dijo a su  grandísimo amigo: “Enrique, no tiene caso te salude, es un hombre sin principios”. Y Peña Nieto, como de costumbre según Moreno, le hizo caso y se perdió por el lugar. Según Paco en el mismo sitio el joven mandatario tenía otra cita, más privada. Imagínenlo. Esa es la influencia que presume sobre el mejor posicionado de los priistas mexicanos.
         A ver quién se lo cree, porque si Peña Nieto tiene aceptación lo mismo en Yucatán que Veracruz, en Sonora que en Oaxaca, en Morelos o Aguascalientes, seguramente está rodeado de políticos de primer nivel como el mismo Luis Videgaray, empeñados en cuidar el capital social y político de Peña. Según las estaturas, Francisco Moreno no encaja ahí. Es mitómano al grado de la enfermedad. Su capital en Morelos es inexistente, incluso ha sido ruin con los que le ayudaron con fidelidad en su campaña a diputado federal. Se cansaron de esperarlo decenas y decenas, a todos les quedó a deber, los engaño, terminó con ahorros de toda una vida, ofreció 200 asesorías y 300 grandes sueldos cuando en San Lázaro eso no es posible.
         El tamaño político de Francisco Moreno es menor que su estatura física y una prueba que no admite duda alguna es que con el mismo padrón que Manuel Martínez Garrigós, el 5 de julio obtuvo 18 mil votos menos. ¿Saben lo que ello significa? Marca la realidad del diputado federal. La mitomanía de Moreno comienza a dañar a los personajes que presume son de su confianza. Les asesta golpes bajos mostrándolos como gente sin tamaños para pensar, bajo su égida, que sin él no llegarán al sitio prometido y por el que trabajan. Dos de ellos son Enrique Peña Nieto y otro es su compañero diputado Luis Videgaray. ¿Lo conocen? Nada les cuesta que envíen personal de confianza a Morelos, a Cuernavaca, con sus vecinos, para que les describan la naturaleza exacta de Francisco Moreno Merino.
 Este, diputado federal, es un mito, además un hombre peligroso para los que le tienden la mano: originalmente la lame y besa, después la muerde y arranca. Tipo Peligroso. ¿Qué quiere ser gobernador de Morelos? ¿Quién no? ¿Qué va a ser secretario de Estado con Peña Nieto? El lo afirma. Sí, el joven gobernador del Estado de México tiene la gran posibilidad, carismático y con un trabajo político impecable, pero si Moreno en Morelos le ha dañado, no queremos que haya otros “Morenitos” en entidades que suman muchos votos. Así que le ponen remedio o… Morelos será uno de los estados donde la posibilidad de Peña Nieto se haga pequeña como el tamaño físico, moral y político de su presunto embajador Francisco Moreno Merino.


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