miércoles, 12 de agosto de 2009

La Cabalgata Guillete

Agua
12 de agosto 09

Javier Jaramillo Frikas

Columna

Prohibido Prohibir


Cuando los gobiernos son de ocurrencias, el juego de la “comidita” y “las escondidillas” sus recursos predilectos, preguntamos: ¿A quiénes tiene que sorprendernos que anuncien como uno de los actos mayores para el bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución “una Gran Cabalgata”? La frivolidad hizo de la administración de Marco Adame su modelo, porque de pronto los poquísimos funcionarios estatales que “si son de a caballo”, los rancheros pues como Jorge Morales Barud, el ex priista secretario general (y lo que le ofrezca el aparato burocrático, sea del color que sea) tienen que servir de entrenadores a pomadosos colegas suyos con más tinte de terratenientes y hacendados que corretearon a Emiliano Zapata que de jinetes. Es más, tienen cierto parecido al célebre Ignacio de la Torre y Mier, dueño de las haciendas de Tenextepango y San Carlos, además fino yerno de don Porfirio Díaz, el presidente dictador.


         Sin duda que la monta de caballos es sinónimo del Estado de Morelos y ya vemos la imagen del bigotón, sombrerudo, con espuelas y traje ranchero, como quedaron grabados Zapata y sus guerrilleros. Todos tenemos en casa las fotografías de uno o más antepasados que estuvieron, de verdad, en los fregadazos, de nativos de esta tierra que conocieron de cerca a don Emiliano, que lo dibujaban tal cual era: “crédulo al grado que nos correteaban los federales y se detenía frente a cada iglesia a persignarse, aunque nos pisaban los talones”, decía el coronel Agustín Lozano Neri, bisabuelo y Carmen Lozano Estudillo, abuela materna del que escribe. Ellos, con dos hermanas (Leobarda y Milburga) y su madre doña Beatriz Estudillo Ingelmo estuvieron “en la bola” desde 1912 hasta que mataron a Zapata el 10 de abril de 1919. Don Agustín en el frente de batalla y las mujeres como parte importante del equipo de cocineras.


         Una Gran Cabalgata. Vaya. Vale saber para quitarle el color elitista al “magno” evento del año que entra, que más tiene considerado el gobierno del Estado para que Morelos honre al más conocido de sus hijos como es Emiliano Zapata Salazar. Si van a alquilar medio millón de equinos, si enseñan a la gente local a montar –obviamente pagándoles su clase expres—tendrá sentido. De lo contrario es un evento más que van a colgarse “en el nombre de Zapata”. ¿Se imaginan ustedes a la derecha recalcitrante ofrendando homenaje a un hombre que combatió, justamente, contra esa expresión ideológica? Son obligaciones oficiales, y no es voltear al pasado, pero desde antes del 2000, con Jorge Carrillo Olea, se hizo el último evento con la asistencia de un presidente cuando vino Ernesto Zedillo a una ceremonia zapatista en Chinameca. El gobernador y él apenas se saludaron. Todos saben el odio que se profesaban. Pero la figura del bien llamado Caudillo y mal nombrado Atila del Sur, ha sido sumamente explotada en beneficio político de los que gobiernan en turno.


         Morelos, indiscutiblemente, es parte medular en las dos gestas guerreras, tanto en la Independencia como en la Revolución. Su posición estratégica geográfica la hacían importante. Si tomamos al general José María Morelos y Pavón como al también cura Mariano Matamoros como propios y tenemos a paisanos como Narciso Mendoza “El Niño Artillero” y a Emiliano, una cabalgata que anuncian con bombo y platillo es una bofetada arbitraria contra nuestra propia historia. No con la sociedad local, que sabe quién es quién y prevé que los señores funcionarios quieren presumir caballos propios o prestados y se vestirán ridículamente en un desfile que solo sus familias –sí, la de ellos—van a presenciar. Es un acto elitista porque la equitación (en este caso la monta porque la otra es una disciplina deportiva de alto rendimiento) no es una práctica común en una tierra marcada por la historia en sus eventos más importantes.

        

De pronto les salió lo zapatistas a muchos que antes apenas montaban triciclo. Proponemos, mejor, que le den su lugar a Emiliano Zapata que, digan lo que digan, en las administraciones panistas ha sido subestimado, igual lo fue con Salinas y Zedillo –que tienen hijos que se llaman Emiliano, dijeron ambos al inicio de sus sexenios--. El ícono mexicano en el extranjero es Zapata. Lo presumimos pero hay que ser congruentes: ¿Cuántos funcionarios estatales son realmente zapatistas? Vemos a uno, dos, pero de ahí no pasan. Son, como diría el tartamudo Apolinar “ma-ma-de-ras".


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