jueves, 27 de agosto de 2009

La Salida de López en una mediocre oxigenación del gabinete de Marco Adame

¿Ya?

25 agosto 09

Javier Jaramillo Frikas

Columna

Prohibido Prohibir

 

         (Redactamos esta columna los primeros minutos del miércoles 16 de agosto. Y la enviamos de inmediato. JJF)

                                                                       

         La salida de Javier López Sánchez de la administración estatal estaba anunciada. Imposible que la liga, rota antes del 5 de julio y unida con recursos materiales en la víspera electoral, amarrada tras ese domingo trágico para el gobierno y el Partido Acción Nacional, no se reventara. Lo ha hecho el gobernador metiéndolo en un paquete de cambios en su gabinete que, a juicio del columnista, es de mediano nivel para abajo. No hay nada extraordinario en cuanto al talento de los nuevos funcionarios, tampoco un reforzamiento de la estructura oficial. Es un evento más donde el sacrificio del hombre cercano, del segundo a bordo en la realidad, trató de ser minimizado con cambios en tropel. El papel de Javier López Sánchez como operador político, mediático y financiero del gobierno de Marco Antonio Adame Castillo, no se elimina por decreto o saliendo oficialmente de la nómina. Existen hechos, muchos de ellos graves, que difícilmente van a borrarse. Esta, la historia presente del ex coordinador de asesores y de comunicación política –cuya separación en el organigrama se ha hecho tras serias lastimaduras a la institucionalidad--, empieza a escribirse.


         En la cosa de asesores quien llegue –es el caso de Oscar Sergio Hernández Benítez—es lo de menos, cuando existe un espíritu burocrático que lo ha mantenido pegado a la ubre presupuestal desde tiempos ancestrales que con otros jóvenes ocupaban con sus familiares los cargos de representación proporcional y las quincenas. Ahí se verá la capacidad del nuevo funcionario. El otro puesto que ocupaba el señor López, el de la Comunicación Social –o Política, que no es lo mismo pero trataron de adornarla en su momento—es delicado. Deja un terreno minado a Carlos Tercero, funcionario en el pasado sexenio con Javier Bolaños Aguilar en la CEAMA, al que se le desconoce el esencial conocimiento del área. La improvisación de López a la llegada, podría ser la catástrofe en la segunda mitad, dada la nueva composición de fuerzas políticas.


         A Javier López Sánchez a partir de esta columna donde “nos atrevimos” a mostrar lo que hacía, lo han convertido en “Perro de Todos los Males”. Sin embargo, en una intención de defensa genuina debemos decir que se lo permitieron los empresarios de la comunicación, a grado tal que no solo ordenaba titulares, cooptaba jefes en las redacciones o mantenía un grupo inoperante de operadores en los mismos medios, sino en su función de vocero se extralimitaba en ofrecer versiones melosas de actos encabezados por el gobernador que, muchas ocasiones, fueron sobrios. ¿Quién en el círculo cercano del mandatario se negó a abrirle los ojos? Se han cometido acciones que en la política—política se calificarían como traiciones. ¿Acaso nadie advertía que la ignorancia, el nulo oficio y la incapacidad de López como jefe de prensa del gobierno los iba a colocar en una situación comprometida? Sí, los medios se volcarán en los cambios en el gabinete, pero el punto medular es que existían fallas en secretarías que han sido renovadas, pero nada tan bárbaro y grotesco como  en Asesores y Comunicación Política, y no en el engranaje de ambas oficinas sino en el manejo del múltiple titular. Absurdo, burdo, ineficaz.


         ¿Y los medios? Los que hayan contraído compromiso “a muerte” con López hoy van a crucificarlo, no valdrán los pagos millonarios, ni las reuniones en lujosas oficinas. Los empresarios de medios están acostumbrados a tratar con el jefe de prensa en turno, negociar convenios y si se va, adiós y que le vaya bien. Pocos asumirán la defensa pública que tanto va a necesitar Javier López, además no ofrece herramientas para armar una estrategia que lo saque menos golpeado de esta trifulca por él provocada.  No es posible felicitar al gobernador Adame por la decisión que tomó, y no lo es porque toleró durante casi tres años que el manejo arbitrario de áreas más allá de asesores o comunicación social pasaran por el escrutinio y se guardara en la caja fuerte de su subalterno.  No es un secreto a voces, se trata de actos que sin ser fáciles de probar, la realidad indica que sucedieron. Y que los resultados electorales han hecho pequeños no obstante su descomunal tamaño. López, para pronto, hizo muchas cosas por y para él a nombre del jefe del ejecutivo, pero otras tantas con el aval de su jefe inmediato y amigo. No podía ser de otra manera.


         Lo anotamos hace unos días aquí mismo: Javier López estaba inhabilitado para cargo alguno durante muchos años que vienen, no por la secretaría de la función pública, sino por él mismo, socialmente, por el caudal de abusos y errores cometidos. Que no tendrá problemas económicos porque supo aprovechar sus últimas posiciones, pero le será difícil rehabilitarse políticamente. Ha quedado severamente lastimado, los alcances de sus lesiones alcanzan al gobernador Adame, ubicado en una posición de fragilidad no por intenciones del que escribe, sino en el terreno de los hechos. La inteligencia o el arete de gobernar no se logran por decreto, tampoco existen escuelas de gobernadores, pero sí una formación para lograr los objetivos. Aquí, en este gobierno, predominan las improvisaciones, juegan a política y tampoco es una opinión personal, nos remitimos a la revisión de acciones en los dos años y 10 meses de función.


         Un buen número de morelenses tuvimos la esperanza que Marco Adame fuese un extraordinario gobernador, así parecía cuando luchaba por ello. A la mediana distancia nos queda claro que no es posible, que intentándolo con las condiciones a favor, se le dificultaba, toleró arbitrarios como Javier López. Hoy con las circunstancias que todos conocen, tenemos por qué preocuparnos. Los cambios en su gabinete no modifica la cosa. Serán tres duros años para Morelos, sumado a la grave situación financiera mundial y a la entrega del gobernador morelense a hacer, a pie juntillas, lo que diga el gobierno federal. ¿Por qué no colocar como punto principal la defensa de Morelos? Y no en los medios como recién lo leímos de otro lastimado en la elección, el senador Adrián Rivera Pérez. En los hechos. Para ello se requiere de un coordinador de las voluntades y los esfuerzos, urge el liderazgo. El gobernador no lo ha logrado en las otras condiciones. Hoy no se lo van a permitir. Si la prioridad es Morelos, no vale el discurso de que aquellos que se opongan al desarrollo traicionan al Estado. No. Traicionan a Morelos y quienes vivimos aquí los que permitan que los excesos de funcionarios como Javier López hayan convertido sus cargos públicos en financieras exitosas con el amparo del poder. Millones y millones de pesos usados para asuntos desconocidos. ¿Dónde están? Eso es traición.


         Y la petición a los responsables del destino inmediato de Morelos: si el gobernador Adame convoca para construir, acudan, es su obligación. Si está perdida la capacidad de convocatoria de Adame, ustedes (panistas, priistas, perredistas, panalistas, convergentes, petistas y anexas) hagan lo propio con sus propuestas y que, en un acto de humildad, el mandatario se sume. Eso es lo que importa. En tanto, entretengámonos con una nueva composición del gabinete que no es más que echarle pintura de agua a la fachada. En las siguientes aguas se escurre. No lo queremos, pero la experiencia inmediata lo acredita.


         ¿Qué pasará con Javier López Sánchez? Que hagan el recuento de sus daños, como ya accionaron en su partido y en el gobierno, cubriéndolo en el tumulto, cual luchador quitado de su máscara en plena trifulca y sacado aprovechando la escaramuza. Lo tendrán que hacer ajenos al PAN y a Marco Adame para que valga.


         ¿Tiene sentido hablar de los cambios? Quizá el de José Raúl Hernández Avila, el popular “Piedra” así bautizado por Hugo Calderón Castañeda. Otra pieza importante del panismo, jefe de La Sagrada Familia que, a simple vista es enviado al cercano destierro con canonjías  de secretario de despacho. Hay fondo y sobra tiempo para echarse un clavado con todo y escafaldrana.


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