jueves, 16 de diciembre de 2010

No tiene vergüenza el diputado Jorge Arizmendi

Chequen nada más la pose...
TERTULIA POLITICA

Pedro MARTÍNEZ SERRANO


El diputado local Jorge Arizmendi García no tiene vergüenza. Desde que inició su cerrera magisterial, ha sido proclive al abuso sexual de jovencitas. Él lo sabe. Lo sabemos todos, quienes lo conocemos desde hace años. Pero ahora, como diputado local, es protagónico, oportunista, mitómano y ventajoso. Como industrial de la educación, defrauda a cientos, miles de familias, a las que engaña, cobra y bien, para convertir en desempleado con titulo a alguno de sus integrantes.


Hoy que desde Morelos, Édgar Jiménez Lugo, el ponchis, un niño de 14 años, a quien atribuyen un rosario de asesinatos, escandalizó al mundo, el diputado local Arizmendi García se apresuró a sacar raja del tema: propondrá reducir de 18 a 16 años la edad penal y, de esa forma, los menores que se involucren con la delincuencia organizada sean sancionados.


El tema que ocupa las 8 columnas de hoy de La Unión de Morelos, en un trabajo de Ana Lilia Mata, titulado Formalizará el PRI la propuesta para reducir edad penal. Llamó mi atención, por varias razones, las más poderosas de ellas, que la iniciativa la presentará un educador, como presuntamente lo es Jorge Arizmendi García a quien, como él dice, miles de padres de familia confiamos a nuestros hijos.


Pocos sabemos, sin embargo, que Arizmendi es un sujeto que estimula la libido viendo o tocando jovencitas, casi niñas. Detrás de ese rostro paternal que muestra ante sus estudiantes, oculta sus bajos deseos carnales. A quienes abusan sexualmente o contribuyen a prostituir a adolescentes, Jorge, como es tu caso, ¿también se les aplicará una sanción penal especial?. Pregunto, porque tu lo has hecho, has contribuido a prostituir jovencitas.


Y, como si el diputado local por el primer distrito, que comprende Cuernavaca Norte y Huitzilac, en donde contadas personas lo conocen, escupiera al cielo y, más temprano que tarde, le manche la cara, para señalarlo como lo que es: defraudador de estudiantes en su Universidad del Valle de Cuernavaca (Univac), abusador de menores, mitómano e irresponsable y ventajoso como legislador.


En la nota que dio a La Unión de Morelos, el barbaján metido a diputado, por decisión de Guillermo del Valle Reyes y Maricela Sánchez Cortés, subraya:


“No solamente se trata de sancionar a los jóvenes, no voy con un tema que castigue a la juventud en Morelos, voy también por sancionar a quienes corrompan a los jóvenes. Hoy la delincuencia organizada ha enfocado sus fuerzas a tratar de reclutar a la juventud, entonces incrementar las penas para quien corrompa a los jóvenes es un tema fundamental, sobre ese tema voy, pero también de bajar la edad penal de 18 a 16 años de edad”.


En el apartado de bajar la edad penal de 18 a 16 años, habrá que preguntar si a la par con el bote, les darán voto a los adolescentes, porque si se les quiere dar trato de adulto, entonces se les debe dar de manera integral, incluida la oportunidad de decidir quiénes serán sus representantes populares. A lo mejor así, no nos equivocamos con el ungimiento de simuladores, oportunistas e ignorantes.


El asunto de de la iniciativa de Jorge Arizmendi García, debe preocuparnos todos, no sólo en Morelos, porque la propuesta de castigar como adultos a los menores, surge precisamente de un sujeto que, en apariencia, tiene la obligación de educar, orientar y formar a una buena parte de la juventud morelense.


Y es que si ese representante popular, supuestamente dueño de un sólida formación académica, propone como remedio para contener los impactos del crimen organizado en la niñez, disminuir la edad penal, luego que seguirá. Cuál será el siguiente paso.


Creo que mi amigo, a quien conozco y bien, Jorge Arizmendi García, más allá de buscar el reflector fácil e irresponsable, debería pensar antes de una sólida política pública, encaminada a prevenir el delito entre la niñez, alejar a la criminalidad de las escuelas, a alentar la integración familiar.


Porque lo que olvida el cremoso Arizmendi, es que Édgar Jiménez Lugo, el ponchis, viene de una familia desintegrada, conflictiva u vinculada a la delincuencia. Su madre traficaba droga en Estados Unidos; sus hermanas, al parecer, eran prostitutas y él, qué otro camino le quedaba, más que seguir el rumbo marcado: convivir con criminales.


El tema, pues, no es tan sencillo. No se trata sólo de actitudes hitlerinas. Ya no es tiempo de que a aquel que no puedes controlar, ¡mátalo!. Los nuevos tiempos, imponen la revisión profunda de la problemática social y sus soluciones. Porque entre más jóvenes se condene a cárceles para adultos a las adolescentes, a menor edad se graduarán como delincuentes. Porque está acreditado por expertos en el tema, que los centros penitenciarios, son escuelas del crimen.
 
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